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jueves, 29 de mayo de 2014

El peor golpe imaginable




Tengo pendiente escribir un resumen sobre una temporada decepcionante. No lo hice tras acabar la bazofia frente al Villarreal por eso, porque el partido fue tan sumamente malo que me habría nublado. La temporada ha sido buena, no notable, pero tampoco para suspender.

Hoy no voy a escribir de ello, lo haré sobre el golpe más duro que me podía llevar este año: la marcha de Claudio Bravo. El año pasado me desengañé pronto con Illarramendi, un chaval al que vi por primera vez con 17 años y para el que pedí sitio en el primer equipo desde un par de años antes de que subiera. No había sitio decían. Claro, teniendo a Elustondo, no había sitio.

Bravo no es canterano como lo era Illarramendi, ni siquiera es gipuzkoano, pero para mi como si lo fuera. Bravo ejemplifica a la perfección lo que quiero que sea un extranjero en mi equipo de cantera. Un jugador muy bueno -de los más completos de la Liga sin duda- y un profesional como la copa de un pino. He leído que estaba decepcionado por no repetir Champions y no viene más que a reafirmar mi teoría de que con once como él iríamos mejor. Tras el primer año de Montanier, el chileno llegó a la sala de prensa de Zubieta y dijo que ya era hora de luchar por algo más que la permanencia. Tenía razón.
Casualmente el peor momento del año de la Real el curso pasado llegó sin él bajo palos. No digo que fuera culpa de Eñaut ni mucho menos, pero llegó sin Bravo. Cuando él regresó ya se había ganado al Málaga y desde ahí el ascenso del equipo fue meteórico hasta llevarnos, por ejemplo, a Old Trafford donde Claudio Bravo dio una auténtica exhibición mientras su defensa hacía aguas por todos lados.

La marcha de Bravo -si al final se confirma que parece que sí- va a ser un golpe bestial. Saber que, además, él quería quedarse pero le están poniendo el lazo desde hace tiempo es para encabronarte (que diría aquel) y hacerlo de verdad. Bravo es uno de los nuestros, de verdad. Llegó con 23 años a la Real Sociedad tras ganar la Liga de Chile con una parada sensacional suya en la tanda de penaltis de la final. Comenzó como suplente de Riesgo y a pesar del descenso fue una de las notas positivas del equipo. De nuevo en Segunda tuvo que aguantar que Riesgo le sentara por el simple hecho de ser canterano y no levantó la voz. Se jugaba mucho pues era internacional, pero aún y todo aguantó 42 partidos sentado en el banquillo viendo cómo la Real se estrellaba en su primer intento de ascenso. Tampoco lo consiguió a la segunda ya con Bravo de titular. Aquel verano fue dantesco. Con Bravo y Riesgo de nuevo en el plantel, Loren se marcó una machada. Dijo que no conseguir colocar a alguno de los dos sería "de tontos" y tuvo que acabar regalando a Riesgo para no quedar él retratado como uno de ellos.

A pesar de que le intentaron vender por todos los medios, Bravo no levantó la voz tampoco. Siguió trabajando y, ya con Lasarte, fue un pilar fundamental en el ascenso. Aquel verano le tentó Pellegrini. Su compatriota había fichado por el Real Madrid y quería un buen suplente para Iker Casillas pero el chileno prefirió seguir en la Real ganándose el afecto y la gratitud eterna de una parroquia tan agradecida como la nuestra. Incluso marcó un gol que no se tú, pero yo nunca olvidaré.

Se perdió el ascenso por estar concentrado con Chile para el Mundial. Iba a jugar el Mundial siendo un portero de Segunda División, algo mejor podía haber tenido, seguro. En Primera la temporada con Lasarte la marcó la mano a Álvaro Vázquez. Fue una parada de Oliver y Benji y la culminación de un partido -el 1-0 al Espanyol- y un inicio de temporada increíbles de Bravo. La Real soñó con Europa en la primera vuelta.

No hace falta repasar su carrera para ver lo que perdemos, simplemente hay que dejar que las cosas y los datos hablen por ellos mismos. Con Bravo se va a ir un gran portero pero, sobre todo, un gran profesional.
Hoy llevo casi ocho años ya en Europa, y tengo contrato con la Real hasta 2017. Y si todo sigue como está, porque más no se puede pedir en el ámbito humano, seré el chileno con más años en un mismo club europeo.
Me da más pena su marcha que la de Antoine o Vela, lo he dicho. Al fin y al cabo, Bravo ha luchado hasta la última jornada por dejar a la Real lo más alto posible, algo que los otros dos creo que no han hecho. De hecho ayer Griezmann jugó con Francia y debió meter la pierna por primera vez desde que debutara con los gallos de Deschamps...hace demasiado tiempo. Porque es muy bonito ver a Vela bajar un balón de pecho, tirar un cañito a Colotto y hacer el 2-1 a Casilla en el minuto 90 del partido contra el Espanyol pero si en los 89 anteriores no ha hecho nada es porque no ha querido. Bravo quería volver a la Champions y al final la ola de conformismo que siempre está instalada en la Real Sociedad ha podido con él.

No le puedo reprochar nada, se va a un equipo que nos ha hecho la vida imposible muchos años. Que fichó a tres jugadores nuestros en vísperas de la última final que jugamos y que nos apartó este mismo año de una. Una final que, por cierto, Bravo no iba a jugar porque oye, Zubikarai se lo merecía. Debía merecerlo más que el chileno que se quedó calladito y trabajando mientras Riesgo le quitaba el puesto, sí.

Solo puedo desearle suerte, en Brasil, en Barcelona y decir alto y claro que te echaré de menos Bravo. Porque cuando el portero titular de la Real llegue a mi zona en Anoeta tras el descanso...no gritaremos "Bravo, Bravo". 

No te puedes perder la entrevista de Mikel Recalde a Bravo

Por si alguien no lo leyó en su día, así habla Bravo en Chile de nosotros. 

La vida de un futbolista implica necesariamente cambios. Son muy pocos los jugadores que no cambian jamás de club. Para todos los demás vendrán cambios de camiseta, de compañeros, de ciudad, de país, de continente e incluso, algunas veces, de puesto. Todo sea por el fútbol, esa pasión que ha definido nuestro camino.

Pues bien, hoy quiero hablar de ese cambio y de una palabra muy usada: adaptación.

No conozco a nadie que no se haya ilusionado cuando un club extranjero ha querido su pase. Pero como saben, no siempre ese traslado supone un final feliz. Porque no es fácil lo que se deja.

Como dije en una columna anterior, yo llegué a los 11 años a Colo Colo. Entonces, cuando la Real Sociedad me ofreció un contrato, si bien ello implicaba una mejora económica y un salto a una de las mejores ligas del mundo, también significaba dejar atrás lo conocido, lo que me rodeaba, a los amigos y el funcionamiento de un mundo al que ya estaba acostumbrado.

El cambio no es fácil, ya que uno ha aprendido a moverse y se ha batido bajo códigos que conoce, los códigos que, finalmente, son tu mundo. Y eso es lo que dejas atrás.

Yo tuve suerte. Lo primero que me dijeron al llegar a San Sebastián, en el país vasco, fue Ongi Etorri, que significa "Bienvenido", pero no de una manera formal, no de la forma en que lo puedes leer en un cartel de aeropuerto, sino realmente "Bienvenido, queremos que seas uno de nosotros".

Y así, poco a poco, mes a mes, fui cambiando costumbres en busca de una mejor adaptación. O mejor dicho, fuimos, porque es toda la familia la que resiente y abraza el cambio. Quise absorber la nueva realidad que me rodeaba, para saber cómo moverme en ella.

Primero, conocer la ciudad y la región que, como sabrán, tiene una idiosincrasia bastante particular: antes que españoles son vascos. Luego, el país y, por último, el continente.

Dije líneas atrás que tuve suerte, y es verdad. Porque llegar a un lugar en donde el respeto por tu profesión es absoluto, en donde te dan ánimo en la calle y celebran tu esfuerzo y trabajo, hace que quieras devolver la mano a la comunidad mediante todo tu compromiso y entrega en el equipo que los representa. Y al sentirte parte de ellos, bueno, te vas adaptando.

Es cierto que no todo sale como uno quiere y que tarde o temprano ocurren situaciones adversas, como cuando bajamos a Segunda División. Y aunque no lo crean, no puedo recordar un solo episodio ingrato que me haya pasado en la calle o al salir del estadio tras una derrota mientras nos hundíamos en la tabla. Era como si entendieran que tú y tus compañeros hacían el máximo esfuerzo posible, pero que hay veces en que simplemente las cosas no salen como uno quiere. Y eso se agradece. Te ayuda a sobreponerte frente a los problemas, te lleva a pensar que has tenido suerte por el lugar que te ha recibido y, quizás lo más importante, te da la motivación para hacerlo cada vez mejor, a la espera de darle nuevas alegrías a esa gente cuyo equipo representas.

La sociedad vasca me ha hecho crecer en todos los planos: como futbolista, como persona y como papá. Me acogió y me dio la oportunidad de crear nuevos lazos, de conocer nuevas realidades, de enfrentar nuevos desafíos, siendo uno de los más importantes el representar en cada partido no solo a nuestros hinchas sino, espero, a todos los chilenos. Porque el cambio implica eso: al llegar a España uno deja de ser el arquero del Colo y pasa a ser una especie de embajador del fútbol chileno, un representante de cada uno de los jugadores nacionales y de cada niño presente en las escuelas de fútbol.

Hoy llevo casi ocho años ya en Europa, y tengo contrato con la Real hasta 2017. Y si todo sigue como está, porque más no se puede pedir en el ámbito humano, seré el chileno con más años en un mismo club europeo. Es verdad que me quedan muchas cosas aún por vivir. Sé que vendrán nuevas alegrías y nuevas penas en el plano futbolístico, pero cuando veo a mi familia habituada en San Sebastián, cuando se me acerca la gente en la calle con una sonrisa y veo que esto es lo que trajo el cambio para mí, solo puedo decirles Eskerrik asko: Muchísimas gracias.

martes, 6 de mayo de 2014

Una peli que ya he visto...y no me gusta



¿Os imagináis ir todas las semanas al cine a ver una película que sabéis cómo acabará y que, para más inri, sabéis que no os gusta?

Es la sensación que tengo con los partidos de la Real. Desde que se ganara al FC Barcelona no disfruto con mi equipo. Llamarme exigente, estilista o cómo queráis pero además de ganar, al equipo le exijo más. Porque desde que ganó al Barcelona no ha dado alegría alguna.

Corría febrero y la Real arrolló al Barcelona en una tarde histórica para Anoeta, la Real y los que allí estuvimos. El 3-1 fue una obra de arte durante los noventa minutos y pudo ser mayor. Ocho días después llegó el primer cabreo con el equipo tras tirar -que no caer- el partido del Sánchez Pizjuán. Arrasate demostró su infinita inteligencia táctica jugándole al Sevilla igual que al Barcelona pero Emery, que sí sabe de fútbol, le dio una lección. Esperemos que, por lo menos, Arrasate tomara nota.

El cabreo más importante llegó en dos de los siguientes tres partidos. No sé qué me cabreó más si perder contra el Rayo o contra el Almería. Contra el Rayo te remontan un partido que de ninguna manera debían remontarte y les escuchas a los jugadores decir que han aprendido. No les crees porque la experiencia te dice que no han aprendido nada pero bueno, crees que al menos por este año se acabaron este tipo de cagadas. Cagadas sí, cagadas. Como la de dos semanas después en Almería. Entre tantas se gana al Valencia porque Cote sabe centrar y Agirretxe mete un gol propio de Kovacevic. Ah y porque Bravo hace una parada en el tramo final digna del gran portero que es. 

En Almería la primera parte nos hace ser optimistas. Un meneo en toda regla a un equipo flojo a más no poder que acaba con un empate a 1 tras un penaltito que marca Vela y un fallo de Bravo que acaba con el primer gol del año de Óscar Díaz. Tras el descanso Agirretxe marca un soberbio golazo de vaselina y llega el despropósito de Ayza Gámez al señalar dos penaltis que eran fuera del área. Verza adelanta al Almería y Markel iguala de cabeza. Markel que, hasta entonces, todos pensábamos que qué hacía subiendo a rematar. Claro que llega el despropósito con el 4-3 de un goleador cuyo nombre no recuerdo.

La visita del Valladolid fue otra decepción. Magia de Pardo y gol de Vela. Nada más. Ante un equipo malo a más no poder que ya te remontó un 0-2 en la primera vuelta por esas cosas que solo pasan con la Real.

Lo de Pamplona fue el partido de todos los años. Chory adelantó a la Real y cuando estaba siendo el mejor, Arrasate va y le cambia. Digno de un gran entrenador como él mismo es. Osasuna empata con gol de Oriol Riera -que llevaba meses sin marcar- porque Mikel González decide que no va a saltar a un balón aéreo a metros de la línea de gol. ¿Para qué?

He de reconocer que el partido del Real Madrid me dejó tocado. Aquella derrota se veía venir desde que Elustondo -él tenía que ser- trató de regatear a Isco y perdió un balón que acabó con gol del guisante en la portería de Bravo. El karma se descojonaba de todos nosotros con esa sonrisa pilla del que prefería el dinero al respeto de su gente. 

Después de los goles de Bale, Pepe y Morata hubo que volver a Madrid y la Real pasó a no decepcionarme. Me esperaba lo peor y lo peor ha llegado. Lo peor es que el Athletic vaya a ir a Champions con una plantilla igual de limitada que la del primer año de Montanier, lo peor es que seremos sextos en el mejor de los casos, lo peor es que Arrasate estará dos años más en Anoeta y lo peor es que, cómo no, Vela y Griezmann se van a ir. Normal que se vayan.

Empatar ante un Celta con diez, el partido del Espanyol, acabar pidiendo la hora contra el colista al que ganas 0-1 de penalti y el clásico granadazo del tiempo añadido. Queda San Mamés y me da miedo. Ya son cuartos pero si pueden humillarnos, lo harán y el baño táctico de Valverde a Arrasate lo veo venir desde el 2-0 de Pardo en el partido de ida.

He de decir que el gol de Vela al Espanyol fue una alegría sí. La única que he tenido en mucho tiempo y fue un espejismo. Porque la Real había jugado un partido malísimo sin la mínima intensidad exigible a un equipo que se jugaba algo y porque volvió a dejar claro que Vela está a un nivel que la Real no aspirará a repetir el año que viene.

Sin Vela, Griezmann, Cote, Granero, Estrada y Ros a los que se pueden sumar Seferovic, Ifrán y Cadamuro, ¿qué vamos a hacer?

Encomendarnos a Don Gorka Elustondo el pivote tácticamente inteligente que juega porque alguien de arriba está loca y estúpidamente enamorado de él. Elustondo tiene el mismo nivel que Estrada pero al de Zarautz le vamos a echar. Ha salido Zaldua, dirán. Como si Rivas, Dani García, Errasti o, sobre todo, Gaztañaga, no fueran mejor que el ínclito pivote de Beasain. El del Aston Martin. No lo soporto más, no.